La Iglesia de los Santos de la Promesa en el centro de Canadá: entre unificado y dividido

La Iglesia de los Santos de la Promesa, conocida como la Iglesia de Jesús Cristo de los Santos de la Promesa en inglés, ha estado expandiéndose en Canadá, creando un área independiente dedicada específicamente a su presencia en el país. Según información de la Canadian Affairs, el presidente de la nueva «Zona Canadá» de la Iglesia, el padre Vern P. Stanfill, ha destacado que su objetivo es «contribuir al desarrollo canadiense» a través de una estructura administrativa adaptada a las necesidades locales. Este nuevo área, que incluye a las 10 provincias y tres territorios, representa un paso hacia una mayor autonomía en la gestión de las actividades dentro de la organización.

En el contexto canadiense, la Iglesia enfrenta desafíos en la integración con el Canadian Council of Churches, que exige que las iglesias se alineen con la doctrina trinitaria. Según el secretario general del council, Peter Noteboom, la Iglesia de los Santos de la Promesa no podrá unirse a este consejo hasta que «se conviertan en trinitarios», lo que implica una discrepancia teológica fundamental. La Iglesia, fundada en los Estados Unidos, ha mantenido una identidad propia que, aunque compartida con otras religiones, no siempre coincide con las convenciones canadienses en materia de doctrina.

El Canadian Council of Churches representa el 85% de las iglesias cristianas en Canadá y exige que sus miembros «confiesen al Señor Jesús Cristo como Dios y Salvador según las Escrituras». La Iglesia de los Santos de la Promesa, por su parte, sigue su propia interpretación de las escrituras, lo que genera un desajuste en el ámbito institucional. Este conflicto no solo afecta la relación con el consejo canadiense, sino también con la comunidad local, ya que muchos miembros esperan experiencias espirituales intensas en las iglesias, mientras otros no las perciben.

Según un estudio reciente de Meridian Magazine, muchos miembros de la Iglesia reportan que en las iglesias el «espíritu» no siempre es evidente. Un miembro puede sentir una calma tranquila, pero a veces se confunde con la falta de una experiencia emocional intensa, como lágrimas o una confirmación inmediata. Esto genera una sensación de desconexión, especialmente en comparación con otros que tienen experiencias más marcadas.

El Meridian Magazine explica que las experiencias espirituales son profundamente personales y varían según la persona. Los miembros deben entender que los «signos» del Espíritu pueden ser sutiles, como el alba del sol, y no necesariamente una explosión de emociones. Este punto es crucial para evitar la desconfianza y el descontento en la práctica espiritual dentro de la Iglesia.

El presidente de la nueva zona canadiense, Vern P. Stanfill, ha señalado que la autonomía en la gestión de las actividades en Canadá es un paso importante. Esto significa que el país no solo está creciendo en número, sino que también está desarrollando una identidad propia en relación con su contexto local. El desafío para la Iglesia es mantener su identidad mientras adapta sus prácticas a las necesidades específicas de cada región.

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