Ciruelo Cabral Denuncia Plagio en el Malba: ¿Homenaje o Copia?

El reconocido artista argentino Gustavo Cabral, mundialmente conocido como Ciruelo, ha desatado una polémica al denunciar un presunto plagio de una de sus obras en la exposición "El desentierro del diablo" de Carrie Bencardino, que se exhibe actualmente en el Malba. La denuncia, realizada a través de sus redes sociales, rápidamente generó un debate sobre los límites entre la inspiración y la copia en el arte.

Similitudes Evidentes y Defensa de la Artista

Ciruelo publicó una comparativa entre su ilustración original y la obra expuesta en el Malba, mostrando un notable parecido. Ambas piezas presentan un dragón en vuelo, con colores y posición similares, en un paisaje comparable. Bencardino reconoció la "inspiración" en Ciruelo, argumentando que su muestra gira en torno a las imágenes que la influenciaron en su adolescencia. Sin embargo, la justificación no convenció a Ciruelo ni a muchos de sus seguidores.

Ciruelo: Un Ícono del Arte Fantástico

Ciruelo es una figura destacada en el mundo del arte fantástico, reconocido por sus ilustraciones de dragones y criaturas míticas. Su trabajo ha trascendido fronteras, llegando a diseñar los pósteres de películas de culto como "Hombre mirando al sudeste" y "Fuego gris", esta última utilizada también para la portada del álbum homónimo de Luis Alberto Spinetta. En 2011, fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad por la Legislatura porteña.

¿Plagio o Homenaje? Un Debate Abierto

La controversia plantea interrogantes sobre la originalidad en el arte y la delgada línea que separa el homenaje de la copia. Este incidente recuerda a una polémica similar ocurrida en 2021 en el Museo Evita, reabriendo el debate sobre los derechos de autor y la responsabilidad de las instituciones culturales en la verificación de la originalidad de las obras que exhiben.

El Malba Bajo la Lupa

El Malba, por su parte, no ha emitido un comunicado oficial sobre la denuncia. La exposición "El desentierro del diablo" es la primera muestra institucional de Carrie Bencardino, que explora los discursos visuales del underground y los espacios de contracultura colectiva. La controversia pone en tela de juicio la curaduría de la exposición y la validación de la obra presentada.

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